Lunes, 28 Marzo 2005 13:10

OBSESIÓN POR EL CUERPO

Ser físicamente perfecto en las sociedades desarrolladas parece ser sinónimo de éxito, felicidad e incluso de salud. Pero esta tendencia está provocando muchos problemas. La excesiva preocupación por la figura y la imagen corporal se está convirtiendo en una epidemia. Vivimos en una sociedad competitiva en la que se aplica literalmente eso de "una imagen vale más que mil palabras", por eso no es de extrañar que hombres y mujeres se obsesionen en conseguir esos cuerpos "perfectos", que invaden a diario la televisión, las revistas o las pasarelas.
Cuando la obsesión por conseguir esos cuerpos diez empieza a ser el único objetivo en la vida de una persona, estamos ante un caso de vigorexia.


¿Qué es la vigorexia?


A finales de los 90, el Doctor Pope la identificó como un trastorno mental caracterizado por el desarrollo muscular mediante el ejercicio físico excesivo. Es considerada un trastorno de la conducta alimentaria, como son también otras enfermedades muy conocidas como la anorexia o la bulimia.
Este desorden emocional comparte síntomas en común con estas enfermedades, como la preocupación obsesiva por la imagen corporal perfecta y una distorsionada realidad frente al espejo.
En el origen de este trastorno encontramos sobre todo factores socioculturales y educativos, así como el consumo excesivo de esteroides y anabolizantes o las alteraciones bioquímicas a nivel cerebral.
Y no debemos confundirla con ejercicio físico diario que aporta numerosas ventajas.

Perfil del vigoréxico

Mayoritariamente un varón (aunque también afecta a mujeres), con baja autoestima, solitario e introvertido, que no acepta su imagen corporal, que piensa que tienen poco atractivo para el sexo opuesto debido a su escasa musculatura. Las sesiones de gimnasio son cada vez más largas y se obsesiona con la dieta en la que reduce drásticamente las grasas, aumentan excesivamente los hidratos de carbono y las proteínas.

Secuelas

riego de enfermedades cardiovasculares, hepáticas y renales. Disfunciones eréctiles, disminución del tamaño de los testículos, esterilidad y mayor propensión al cáncer de próstata. Fatiga, calambres, cefaleas, nerviosismo, irritabilidad, disminución del apetito, trastornos del sueño, carencias nutricionales. Aumento del colesterol, riesgo de osteoporosis por verse afectada la absorción del calcio por el exceso de proteínas. Aislamiento social y laboral, se despreocupan de todo, viven solo para su cuerpo e invierten grandes sumas de dinero en anabolizantes.

Tratamiento

Multidisciplinar, combinando el tratamiento farmacológico, el dietético y las terapias psicológicas de modificación conductual. Además los pacientes deben aprender a recuperar su autoestima y perder el miedo al fracaso.

 

 

Publicado en La Voz de Galicia, el 27 de marzo del 2005

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